Mostrando entradas con la etiqueta actor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta actor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Leonardo DiCaprio: evolución profesional

Nació el 11 de noviembre de 1974 en Hollywood, Los Ángeles, California (Estados Unidos), en el seno de una familia de origen alemán e italiano. En su trayectoria profesional, con el paso de los años, ha sabido elegir sus papeles con un buen criterio, al dejar más de lado las historias comerciales y buscar personajes que tuvieran algún significado para él o le enriquecieran como actor. 

De pequeño, formó parte de un grupo de teatro vanguardista llamado The Mud People. Ya de adolescente, participó en varios anuncios publicitarios y en algunos capítulos de las series televisivas Roseanne, Los problemas crecen o Santa Bárbara. Su debut en el cine fue en 1991 con  Critters 3. 

El éxito internacional le llegó dos años después, en 1993, al protagonizar junto a Johnny Deep la cinta ¿A quién ama Gilbert Grape?, por la que recibió una nominación al Oscar y otra al Globo de Oro como actor secundario. Posteriormente, participó en los filmes Vidas al límite (de 1995), Diario de un rebelde (una de sus interpretaciones más populares, del mismo año que la anterior) y Rápida y mortal (en la que compartió cartel con Russell Crowe, Gene Hackman y Sharon Stone). 

Escena de Titanic
No obstante, alcanzó la auténtica popularidad y se postuló nuevamente como candidato al Globo de Oro como protagonista de Titanic, en el año 1997. Esta superproducción, protagonizada también por Kate Winslet, y cuyo director fue James Cameron, supuso un cambio radical y repentino en la vida del joven actor, que por aquel entonces, tan sólo tenía veintitrés años. Años más tarde confesaría que "no espero volver a alcanzar esa popularidad, no la deseo. Titanic transformó mi vida. De repente, me vi perseguido por los paparazzi por lugares por los que siempre había conducido o paseado tan tranquilo. Fuese donde fuese, había alguien dispuesto a filtrar historias sobre mí". Un éxito arrollador, que para él se convirtió en pesadilla. 

Poco después de aquello, casi sin haber digerido la fama, se embarcó en los proyectos de El hombre de la máscara de hierro, Celebrity (con Woody Allen, en 1998) y La playa (en el año 2000). 
Más tarde, en el 2002, se puso a las órdenes del director Steven Spielberg en el filme Atrápame si puedes. A partir de su participación, ese mismo año, en la cinta titulada Gangs of New York, se convirtió en uno de los intérpretes predilectos del director Martin Scorsese, con el que volvió a colaborar después en El aviador (cinta en la que dio vida al excéntrico empresario Howard Hughes, y que le supuso otra nominación al Oscar y la consecución del Globo de Oro como mejor actor dramático), en Infiltrados, en el 2006, y en Shutter Island, en 2010. 

Posteriormente, desarrolló otro papel protagonista en Diamante de Sangre, una historia de aventuras y drama, junto a Jennifer Connelly. En el año 2008, estrenó dos películas: Revolutionary Road (que supuso el reencuentro en el cine con su compañera en Titanic, Kate Winslet) y Red de mentiras (en la que volvió a coincidir con Russell Crowe). Dos años más tarde, apareció en cartelera Origen, un filme de suspense y ciencia-ficción algo retorcido. Su último estreno fue el año pasado, J. Edgar, una historia sobre el dirigente del FBI y en la que se puso a las órdenes del gran Clint Eastwood. 
Actualmente, prepara el papel de Roosevelt, el presidente de Estados Unidos, en cuya interpretación será dirigido de nuevo por Martin Scorsese. 


Se le considera el mejor actor de su generación. Además de haber conseguido el Oscar y de varias candidaturas a los Globos de Oro, ha sido nominado también para los Premios del Sindicato de Actores y los BAFTA. Es un ecologista comprometido, que lleva a cabo numerosas iniciativas para cuidar el medio ambiente, no viaja en avión privado sino en vuelos comerciales, su casa cuenta con paneles solares y conduce un coche híbrido eléctrico. 

Su experiencia como protagonista de Titanic le auguraba una carrera intensa, pero efímera. Sin embargo, ha sabido evolucionar y convertirse en un referente interpretativo. Y eso se lo debe a su intuición para escoger los mejores papeles, y por supuesto, a su talento. 


miércoles, 23 de mayo de 2012

James Franco, un actor polifacético

Me gustan las personas capaces de nutrir su vida con miles de actividades que enriquecen su mente y su corazón. Muchos expertos recomiendan mantener el cerebro ocupado y ejercitarlo a diario para prevenir enfermedades tan terribles como el Alzheimer. Por eso, algunas personas inquietas no paran de buscar nuevas tareas que les satisfagan y les permitan desarrollar todo tipo de habilidades. Así, el actor James Franco me llamó la atención en su día por alternar varias profesiones que, aunque bastante distintas, comparten una característica común: la creatividad. Y no solo eso, ya que me fascinó su afán por seguir estudiando y querer adquirir cada vez más conocimientos. Una persona muy completa. 

A pesar de que solo tiene treinta y cuatro años, en su biografía ya figura como actor, productor, director, guionista, escritor, modelo y pintor. Nació en Palo Alto (California) el 19 de abril de 1978, de padre empresario de una compañía de envíos y transportes y de madre escritora y editora. Su abuela materna administra una galería de arte en Cleveland, llamada Verne Art Gallery. Es sencillo apreciar que algunas de sus pasiones le han venido heredadas de su familia. 

De niño, demostró su gran talento en las matemáticas. En 1996, se graduó en Palo Alto High School, colegio donde participó en multitud de obras de teatro. Comenzó a estudiar filología inglesa en la Universidad de California en Los Ángeles, pero lo dejó al acabar el primer curso para estudiar teatro e interpretación. Su primer papel le llegó en 1999 como protagonista de la serie de televisión titulada Freaks and Geeks, de corta duración. Su mayor oportunidad en la gran pantalla se dio en el año 2000 en la película romántica Whatever It Takes, cuya coprotagonista era su novia en aquella época.  


En 2001, interpretó a James Dean en una película que fue producida para emitirse en televisión, y por la cual recibió un Globo de Oro y fue nominado a los Premios del Sindicato de Actores y a los Premios Emmy. Después de varias cintas de ligera importancia, su popularidad definitiva surgió de su participación en la saga de Spiderman, junto a los actores Tobey Maguire y Kirsten Dunst y dirigida por Sam Reimi, que hizo una buena adaptación del cómic original. En un principio, a Franco le ofrecieron el papel protagonista, pero finalmente, interpretó al hijo de Duende Verde, uno de los villanos a los que se enfrenta "el hombre-araña".

Tristán e Isolda (2006)
En 2006, protagonizó junto a la actriz Sophia Myles el drama titulado Tristán e Isolda, del que debo comentar que carece de la intensidad suficiente para llegar al corazón del espectador, que es lo que considero que la cinta pretendía. Una historia de amor de semejantes características debería haber mostrado una mayor fuerza en su argumento y en las demostraciones emocionales de sus personajes. 

Posteriormente, vinieron algunas películas más, entre las que destaco 127 horas, que se estrenó el año pasado y que está basada en la historia real del ingeniero Aron Ralston, que en el año 2003 decidió pasar el día en la montaña y se cayó en una gran grieta en el Parque Nacional Canyonsland (Utah, EE.UU). Tuvo la mala suerte de que una roca se desprendió y atrapó su mano y su antebrazo derecho, por lo que pasó cinco días allí sin que nadie supiera dónde estaba (no había informado a nadie de su excursión), hasta que decidió cortarse el brazo a la altura del codo con una cortaplumas, como último intento para sobrevivir. 

127 horas (2011)
En 2006, Franco alternó sus incursiones en el cine con sus estudios en la Universidad UCLA, donde retomó la carrera de filología inglesa y se especializó en escritura creativa. Obtuvo su licenciatura en el año 2008, después de escribir una novela, supervisado por la escritora Mona Simpson (además, posee un doctorado también en filología inglesa, por la Universidad de Yale). A continuación, hizo al mismo tiempo Producción Audiovisual en la Universidad de Nueva York y un posgrado de literatura en la Universidad de Columbia. Tiene estudios de poesía y literatura de ficción y ha desarrollado su faceta como escritor, ya que en 2010 publicó una serie de cuentos cortos titulados Palo Alto. 

Su debut como director cinematográfico tuvo lugar el año pasado con la cinta Sal, que muestra la biografía de Sal Mileno, uno de los primeros actores que confesó su homosexualidad, y que murió a los 37 años después de ser agredido misteriosamente por un repartidor de pizzas. Una cinta experimental bastante arriesgada, que rodó con un escaso presupuesto y en solo nueve días. Franco sostiene que "el cine también puede ser puro arte y no solo entretenimiento para ganar dinero". 

Sus inquietudes no acaban aquí. Ha afirmado que la pintura fue su vía de escape cuando estudiaba secundaria y que "lleva pintando más tiempo que actuando". Durante algún tiempo, acudió a las clases de la escuela de arte California State Summer School for the Arts. 

Campaña de Gucci
Además, ha intervenido en telenovelas como artista invitado, presentó la gala de los Oscar de 2011, es cantante de pop electrónico junto a Kalup Linzy y profesor en la Universidad de Yale. Por si todo esto fuera poco, el año pasado protagonizó como modelo una campaña de Gucci con el título El mundo entero es un escenario, en la que mostró trajes hechos a medida en fotografías en blanco y negro. 

Sin duda, un prodigio intelectual y un culo inquieto, que despierta admiración allá donde va. 


sábado, 8 de enero de 2011

Espectadora vital

Son muchas las ilusiones y esperanzas que solemos poner cada vez que comienza un nuevo año. El tiempo pasa deprisa, veloz, no nos da ni un único respiro para poder saborear instantes, sensaciones, pálpitos. Antes no era así. Recuerdo que hasta los dieciocho o veinte años, los segundos parecían minutos, los minutos, horas, las horas, eternidad. Y no porque la vida fuese aburrida o rutinaria, si no porque todo se masticaba lentamente, nos recreábamos en los detalles, en las emociones.

Hoy en día no hay tiempo para nada. A pesar de estar trabajando 9 horas diarias, cuando queremos ser conscientes de ello, ya ha terminado una nueva semana. Y es viernes por la noche. Todas las ganas de salir por ahí a comernos el mundo, de fiesta, con amig@s, de compartir experiencias inolvidables, se desvanecen igual que se fueron acumulando desde el lunes. Y esto sucede porque nos acomodamos.

No hay nada peor en este mundo que conformarse con el transcurrir habitual de los días, con los hechos que nos han tocado vivir a cada uno de nosotros, los seres humanos. Si nos sentamos cada noche frente al sofá y nos limitamos a ver la tele o a navegar por internet, nada cambiará, todo seguirá igual, el mundo continuará girando a nuestro alrededor sin que nos dejemos influir por él. Y eso es triste.

Año nuevo, vida nueva. Todos lo decimos. Pocos comprendemos el verdadero significado y sentido de esa frase. Algunos deciden realmente hacer algo, una auténtica minoría. Son los únicos que se atreven a evolucionar en su vida, a crecer personal y profesionalmente, dejando a un lado los miedos que todos arrastramos desde la infancia. El resto nos tumbamos a observar.

Lo peor no es ser espectador de uno mismo, sino, no tener el suficiente valor de convertirse en actor. Es necesario encender la chispa que nos haga cambiar de opinión, que nos motive, que nos empuje hacia la actividad. Y sólo hay una cosa que tengo absolutamente clara: no quiero ser espectadora nunca más. La cuestión es cuándo y cómo lograrlo. Porque las palabras, solo a veces, son una antesala de los hechos. Y si deseo con fuerza que este año sea memorable y además, conseguir mis sueños y metas, sólo tengo que actuar. Qué sencillo parece.