Título: AvatarDirector: James CameronIntérpretes: Sam Worthington, Sigourney Weaver. Género: ciencia ficción, acción, aventuras.Año: 2009
No la vi en tres dimensiones porque no me atrae especialmente la idea de llevar unas gafas de plástico adaptadas durante toda la película. Siento como si estuviera montada en una atracción de feria y no sentada en la butaca del cine.
Por ello, preferí centrarme en cada detalle, en la historia, más que en sus efectos especiales. Y lo cierto es que, al verla, me sorprendió el revuelo que ha generado entre tantos espectadores, familiares, amigos, conocidos que me hablaron maravillas de ella: "es preciosa", "me recuerda a Pocahontas", "no te pierdas las escenas nocturnas del bosque". Por supuesto, no dejan de ser sus opiniones y todas perfectamente válidas (con la última sí que estoy absolutamente de acuerdo), pero hay varios puntos que quiero matizar.
Para empezar, los primeros treinta o cuarenta minutos de cinta se hacen pesados y hacen creer al espectador que toda la historia se centrará en que el protagonista infiltrado aprenda el idioma y las costumbres de la tribu en la que ha sido acogido. Desde el principio, se aprecian unos diálogos cortos y simples, nada del otro mundo.
El argumento está dotado de cierta originalidad, por tratarse de seres azules de casi 3 metros que habitan en un planeta donde existe un respeto admirable hacia la naturaleza. No obstante, la historia tiene poca fuerza, a pesar de regalarnos ciertos momentos de emoción, como cuando el árbol madre de la tribu es atacado por los seres humanos o el instante
en el que los dos protagonistas se "unen". Por fortuna, la cinta adquiere dinamismo con el paso de los minutos y la última hora es la más entretenida, con diferencia, por las diversas escenas de acción que, enmedio de tanto sentimentalismo, se agradecen bastante.
Me da pena pensar que la mayor parte de la calidad de esta película depende del hecho de verla en 3D o no. Todo el peso de su éxito ha recaido en sus excelentes efectos especiales, lo que considero insuficiente para hacerla imprescindible. La belleza de las imágenes y el brillo de los colores son indiscutibles y merecen la máxima calificación, ya que el público queda casi hipnotizado al disfrutar todo ese despliegue de fantasía delante de sus ojos.
Lo que vemos es tan bonito, que nos envuelve por completo y nos impide darnos cuenta de que, sin esos efectos, sólo nos quedaría la típica historia de amor fantástico con oportunas pinceladas de acción. Personalmente, para mí eso no es suficiente. Otras películas mucho más sencillas y, por lo tanto, más baratas, lograron conmoverme más. Ésta, sin embargo, sólo me ha entretenido, lo que por otro lado, no está nada mal.