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martes, 23 de octubre de 2012

La epilepsia

Es un trastorno neurológico, por el cual, se producen convulsiones en repetidas ocasiones. La convulsión incide en la función cerebral, es pasajera y se produce debido a una excitación eléctrica anómala en el cerebro, es decir, que éste es incapaz de frenar o inhibir los impulsos eléctrico entre las neuronas. Entre un 1 y un 5% de la población puede sufrir, al menos, una convulsión en su vida, sea cual sea su edad. Después de un ataque epiléptico, pueden darse cambios en la atención o en el comportamiento del individuo. 


CAUSAS
En los casos más difíciles, se desconoce la causa que provoca este trastorno. A veces, la epilepsia puede deberse a circunstancias temporales de quien la padece, como puede ser el consumo de drogas, dejar de tomar ciertos medicamentos o tener unos niveles anormales de glucosa  o sodio en la sangre. Al solucionarse estos problemas, los ataques no suelen volver a repetirse. 

En los enfermos más graves, los episodios se producen como consecuencia de una lesión cerebral (por la que el cerebro se vuelve más excitable), como puede ser una apoplejía. Puede tratarse también de un trastorno hereditario. En función de cuáles sean sus causas, existen los siguientes tipos de epilepsia:

- Idiopática o constitucional: se da, sobre todo, en individuos de entre 5 y 20 años, aunque puede aparecer a cualquier edad. No presenta causas y, a menudo, es hereditaria. 
- Sintomática: es aquella que puede tener multitud de causas, como anomalías congénitas, trastornos metabólicos, supresión de drogas o alcohol, insuficiencia renal o carencias nutricionales, entre muchas otras. 
- Traumatismo: es la que se da después de una lesión cerebral. Que los episodios se manifiesten en la primera semana tras sufrir la lesión, no significa que vayan a repetirse más adelante. Si es la madre la que sufre el traumatismo, su hijo podría padecer epilepsia. 
- Tumoraciones y hematomas: en este caso, los ataques predominan en la edad adulta y surgen, sobre todo, cuando hay algún tumor en la región frontal, temporal o parietal del cerebro. 
- Enfermedades vasculares: se dan en la vejez, a partir de los 60 años, como consecuencia de accidentes cerebro vasculares. 


Las convulsiones pueden ser generalizadas (si afectan a todo el cerebro) o focales o parciales (si comienzan en una región cerebral y se extienden, o no, a otra región mayor). A su vez, las convulsiones parciales pueden ser simples, si el individuo se mantiene consciente, o complejas, si se produce un deterioro cerebral más grave. 

TRATAMIENTO
El enfermo deberá seguir un tratamiento farmacológico para evitar o reducir los episodios epilépticos durante el desarrollo del trastorno y hasta cuatro años después de que se produzca el último ataque. En los casos en los que exista un tumor o una lesión cerebral, se llevará a cabo una operación quirúrgica. 

Los individuos afectados deben tener cuidado para no poner en peligro su vida cuando sufran una crisis. Por ello, es recomendable que estén acompañados la mayor parte del tiempo y que eviten actividades peligrosas, como conducir un vehículo o manejar maquinaria. Las convulsiones suelen aparecer de forma repentina, por lo que es imposible predecir cuándo y cómo se darán. 

A veces, la epilepsia puede hacerse crónica. No obstante, si este trastorno se da en la infancia, puede mejorar con los años. Si transcurren cuatro años sin ataques, puede suspenderse el tratamiento. Si las convulsiones son prolongadas o se producen dos o más en un período corto de tiempo (lo que se conoce como estado epiléptico), se podrían producir daños cerebrales permanentes o incluso la muerte. Se han dado casos de epilépticos que han fallecido por muerte súbita, sin explicación. 

La epilepsia no se puede prevenir. Sin embargo, con una alimentación correcta, un buen descanso, las suficientes horas de sueño y una vida sana, se pueden reducir los ataques de forma significativa. A pesar de llevar un tratamiento adecuado, el número de crisis puede aumentar por una ingesta irregular de medicamentos, alguna otra enfermedad, embarazo o falta de sueño. 


jueves, 7 de junio de 2012

Médicos salvajes

Hace poco leí por casualidad en una revista un caso conocido de lobotomía. Enseguida, aquella palabra me recordó a la película protagonizada por Arnold Schwarzenegger, Desafío Total, que todos hemos visto miles de veces por televisión, y en la que a su protagonista le realizaban esta operación. Así pues, mi ignorancia me ha hecho creer todo este tiempo que no se trataba de una práctica real, sino de algo creado exclusivamente para la ficción. Me equivoqué. 


La lobotomía es un tipo de cirugía en la que se destruye parcial o totalmente el lóbulo frontal del cerebro, sin que se produzca la extirpación. En caso contrario, es decir, si se da la ablación, recibe el nombre de lobectomía. En 1928, el doctor John Fulton realizó la primera lobotomía a dos chimpancés y ambos murieron. Las primeras pruebas en seres humanos tuvieron lugar en 1935, por parte del neurólogo Egas Moniz y el cirujano Almeidas Lima, que realizaron en la Universidad de Lisboa varias leucotomías o lobotomías prefrontales (que consistían en separar la conexión que existe entre la corteza prefrontal y las demás partes del cerebro). Gracias a esta técnica, Moniz recibió el Premio Nobel de Medicina en 1949. 

Este procedimiento empezó a llevarse a cabo para tratar la depresión en los casos más extremos (pacientes que pensasen en el suicidio), la ansiedad crónica severa y el trastorno obsesivo-compulsivo. Lo cierto es que Moniz y Lima fueron quienes evaluaron las consecuencias de sus propios experimentos iniciales, por lo que fue un testimonio absolutamente subjetivo. Contra la depresión, dijeron haber obtenido resultados positivos, aunque a menudo, los pacientes vieron modificados matices de su personalidad y en torno a un 6% de ellos no resistió la operación y falleció. A pesar de eso, la lobotomía se popularizó en Estados Unidos con el objetivo de tratar las enfermedades mentales. 

Doctor Walter Freeman
Walter Freeman, un médico estadounidense que ni siquiera era cirujano, practicó lobotomías en el país entre 1936 y finales de los años cincuenta. Viajó con su furgoneta (que él mismo llamó "lobotomobile") y mostró su tratamiento en multitud de centros médicos; incluso llegó a realizar operaciones en hoteles. Inventó una técnica por la cual, por medio de un picahielo y un mazo de caucho, perforaba el cráneo de los pacientes sobre el conducto lacrimal de manera que rompía las conexiones entre el lóbulo frontal y el resto de zonas cerebrales. 
Era una operación terrible, que a pesar de todo, se convirtió en un método curativo general contra las enfermedades psicológicas, hasta que en los años cincuenta se inventó la Clorpromazina, un medicamento antipsicótico que le restó popularidad. Más tarde, Freeman perdió su licencia de médico cuando se conoció públicamente la muerte de uno de sus pacientes. 
En total, cerca de 50.000 personas fueron intervenidas, sin que se llegase a demostrar nunca la auténtica eficacia de la operación. En 1967, se practicó la última lobotomía legal. 
  
Uno de los pocos casos de intervención con final feliz lo protagonizó la cantante Alys Robi. Con solo 25 años, sufrió un accidente de coche que le generó una fuerte depresión. Tras una serie de diagnósticos equivocados, fue ingresada durante años en un centro psiquiátrico hasta que en 1952 y en contra de su voluntad, le practicaron una lobotomía, que afortunadamente, no le provocó ningún tipo de secuela. 

Rosemary Kennedy
No corrió la misma suerte Rosemary Kennedy, hermana del presidente estadounidense. Tuvo problemas de aprendizaje desde la infancia y era una persona bastante inocente. Teniendo en cuenta sus síntomas, hoy algunos consideran que pudo sufrir trastorno bipolar o dislexia. Según Edward Shorter, su retraso mental era muy leve. Se trataba de una joven rebelde, que tenía ataques de histeria y que se escapaba de casa casi todas las noches. 
Su padre, Joe Kennedy, que pretendía formar una familia de políticos de prestigio, era incapaz de soportar ese tipo de comportamiento. Por eso, la llevó a todo tipo de especialistas, hasta que conoció a Freeman, que le propuso practicarle una lobotomía. 

Como era una técnica que estaba de moda entre las familias ricas de la época, el patriarca de los Kennedy tomó la decisión de intervenirla, pero sin informar a nadie de sus intenciones: ni a su esposa, ni a su propia hija. Antes de la operación, Rosemary tenía 23 años; después, la edad mental de un niño pequeño. Perdió la capacidad de hablar y fue internada y olvidada en un centro psiquiátrico hasta su muerte, con 86 años. 
La enfermera que ayudó a Freeman en la intervención dimitió inmediatamente después del fatal desenlace.